Ya nadie quiere entrar.

No era una localización prioritaria para salir a hacer una sesión de abandoned, pero surgió. Estaba en nuestra lista de paseos pendientes y nos pusimos en camino.
Todo empezó con la frase habitual, un preludio verbal de lo que se avecina cada tarde que nos reunimos para una salida fotográfica:
-Quedamos en la rotonda.

Teníamos poco tiempo, apenas un par de horas de luz, y el lugar no es apto para utilizar elementos combustibles para iluminar, así que sólo descargamos el equipo necesario para una sesión de tarde.

Joanba tenía un objetivo entre ceja y ceja, un acceso al templo, que no se deja visitar fácilmente. Nada que no solucione la ambición. Y obcecado por alcanzar el interior, no fue tan complicado hablando a toro pasado.
El interior no daba mucho de sí, pero siempre cae alguna instantánea como testigo mudo de la incursión, en esta ocasión con el teléfono, ya que subir el equipo al improvisado acceso no lo consideraba una opción en ese momento.



Ralo y Mial esperaban fuera, quizás era un poco arriesgado no dejar a nadie como retén de socorro en esta época del año, quizás no merecía la pena jugarse una caída todos juntos, quizás tenía que ser así...

Hecha la iglesia, y descubierta la entrada a unos túneles que la conectaban con el caserío antaño (según la versión verbal de un testigo), la dejamos tranquila de nuevo con sus contrastes de luz y su silencio, no sin darle las gracias, de alguna forma, por mantenerse erguida.


Nos dirigimos hacia la estructura principal del lugar, que nos recibió con las puertas abiertas.


Ya en el caserío, comenzaron a aparecer los graffittis de rigor, unas firmas aquí, unos dibujos allá... nada especialmente destacable si no era buscando perspectivas.


Las diferentes estancias se mostraban ante nosotros como mudos centinelas de una estructura que se viene abajo por momentos. Y fue desde el interior desde donde Ralo, comienza fuerte, apenas dice nada, sólo se escucha su obturador, que si ya de por sí suena poco, hacía sombra a su diálogo casi inexistente.


Conociéndole, no es difícil adivinar que está trabajando con el ojo entrenado de quien encuentra la esencia aquí y allá.


En algún momento, Mial apareció con el ojo pegado al visor.


Venía de rodear el edificio, y aunque traía cara de no disfrutar todo lo que esperaba, se dejó caer en el ambiente y la atmósfera del lugar más bien pronto, detalles aquí y allá fueron apareciendo.



Ya nada se resistía a la voracidad de su lente, cargada de memorias que enseñarnos. Como quien quiere trasladar la impronta que el tiempo ha dejado entre esos muros hacia el exterior, haciéndonos partícipes de lo que el lugar atesoró durante tantos años.


Ya sabemos de la impaciencia de Mial cuando se baja del coche, pero se había disipado en una mirada al interior de las ruinas. Ahora, sus ojos brillaban cada vez que se llevaba la cámara al ojo.


Finalmente, no resultó en una sesión tan infructuosa como podía parecer en un principio. Parecía que los muros nos abrazasen de forma cálida, como quien está en casa, cuando habíamos recorrido todas las estancias.


A lo lejos (tampoco demasiado) se veía una estructura pétrea entre la vegetación.
A Joanba se le iluminó la bombilla cuando Ralo preguntó qué era:
-¡Cojones! El cementerio.



Buscamos el camino y allí estaba.


Una pequeñísima capilla cuyo tejado se había dejado vencer por el paso del tiempo, quizás desmoralizado en su menester por el ambiente decadente que le rodeaba.



No entendimos qué hacía allí el chasis de un ciclomotor pero uno ya se espera de todo. Tras la capilla, un cementerio no más grande que un apartamento, que parecía gozar de una estancia para dos, como si todo el recinto fuese un panteón familiar sin demasiadas pretensiones.
Fosas abiertas y vacías, cruces desvencijadas, y lápidas olvidadas. La pequeña pila ya sólo acumulaba agua de lluvia, lejos de ser bendita.



Dejamos nuestras huellas en el espeso abandono del lugar, nos llevamos fotografías, y echamos la vista atrás por última vez cuando dejábamos el lugar arriesgándonos, en última instancia, a convertirnos en estatuas de Sal.

¿Volveremos?
Quizás...

Comentarios

mari jose muñoz ha dicho que…
Yo estuve en ese lugar y pienso volver,después de leer vuestra historia seguro que lo veré con otra percepción! Os lo agradezco!
NafarUrbex ha dicho que…
Somos nosotros quienes agradecemos tu visita. Al blog y a esta localización. Disfrútala.
YO NO SOY NADIE ha dicho que…
Bonitas fotos con los juegos de luz... una visión bucólica... Me gusta vuestro blog!
NafarUrbex ha dicho que…
Muchas gracias "Yo no soy nadie", un placer que te pases por este humilde recodo.