El alimento de un Fénix

La constancia, un velo tan delicado que se altera con cualquier movimiento de aire. Puede alterarse por la brisa, por el simple vaivén de una sinuosa respiración o, si somos demasiado puristas, por el aleteo de una mariposa. La brisa de proyectos personales ajenos al UrbEx, la respiración de las circunstancias de anteriores salidas, el aleteo de una mariposa que no hace sino marcar el paso del tiempo. La constancia se hace frágil inevitablemente, pero se puede combatir con la tenacidad de un fénix que resurge, más que renacer, de su pasado.

Y de constancia podríamos decir que versa este post. De la constancia rota que los pretéritos inquilinos de la casa que nos ocupa abandonaron para siempre, para no volver, para dejar que el tiempo se olvidase de pasar por los rincones de la vivienda. Y es ahí donde el fénix NafarUrbex abre las alas y se ilumina con el fuego de la tenacidad de la que hablábamos.

Fue Ralo quien avisó al resto de la ubicación. No tardamos en acercarnos a explorar a pesar de que hace ya algún tiempo de eso.


Desde fuera parece un edificio digno de una escena de terror. Su arquitectura, su dejadez, su estructura ajada... un conjunto de características que confluían en una decisión instantánea que ejecutaríamos días más tarde.


Nos internamos por el garaje y no tardamos en descubrir que los anteriores dueños gozaban de practicar deportes de invierno y carretera. Bicicletas por doquier para todo tipo de público, esquíes, patines... todo había quedado a merced del tiempo y ya no darían juego a la adrenalina de quien quisiera dominarlos.




Muchas de esas ruedas estaban impracticables, oxidándose y alojando naturalezas muertas para quienes nos atrevíamos a retratarlas.


Todo en el garaje era parte del envejecimiento del lugar, del caos y el desorden que habrían dejado atrás en su última visita, a sabiendas o no de que no volverían.


Desde el garaje accedimos a un pasillo que, a su vez, era acceso al resto de estancias de la planta baja. Algunos objetos ornamentales se resistían a abandonar aquel corredor, incluyendo zuecos holandeses o un fémur de algún gran herbívoro.




Nada estaba excesivamente ordenado, pero nada estaba en un estado tan lamentable como para no adivinar que muy pocos habían accedido a aquel lugar. La vandalización era nula y posiblemente solo fuesen el viento y las lluvias quienes habían dejado en aquel estado toda la estructura.



En la cocina, algunas piezas de vajilla, un microondas, una cocina de gas, una mesa, un frigorífico y otros enseres típicos de una cocina convertían aquello en algo demasiado familiar. Chocaba, quizás, la ventana ovalada que daba un ambiente de fantasía al momento, recordándonos que habíamos entrado en un lugar casi mágico. De cuento, por su aspecto exterior.








Cuando accedimos a la siguiente estancia, un dormitorio, descubrimos la satisfacción de encontrar la ropa en su lugar, doblada, los juguetes sobre la cama y los libros en su estantería.





No se puede decir que el tiempo estuviese totalmente detenido y todo en orden, pero sí, la sensación de desalojo repentino casi parecía una opción. Las muñecas seguían esperando las manos infantiles que las maquillasen, los libros querían ser leídos, los juegos de mesa (algunos no demasiado viejos) esperaban ser centro de entretenimiento una tarde más. Juegos de mesa que no serían los únicos que nos encontraríamos en toda la exploración. Y en medio de todo, una raqueta evidenciaba de nuevo la afición por el deporte en aquella familia.




Otro dormitorio que esta vez parecía no ser destinado al sueño de los más pequeños esperaba nuestra visita con evidentes signos de deterioro y humedad. Un armario de tela a medio cerrar parecía querer enseñarnos su contenido a hurtadillas. Un patinete infantil sobre la cama casi convertía el ejercicio físico en algo recurrente, pero no sería la única redundancia que nos encontraríamos antes de acceder al salón.




Allí, al fondo del pasillo, un saloncito lleno de pinturas, juguetes y enseres domésticos otros. Ya sólo teníamos en mente el entretenimiento sin fin que tenía esa familia cuando venía de vacaciones a esta casita del pueblo (ya que nos consta que dejaron de venir hace años desde el extranjero, dejando en esta situación el inmueble).

Una vieja televisión, un casco de ciclista infantil, silletas para los muñecos, más patinetes y un último dormitorio de matrimonio de pequeñas dimensiones justo en frente.




Debido a que el pasillo ya sólo conducía al exterior del terreno que rodeaba la casa, nos decidimos a subir a la planta superior, no sin antes retratar los abrigos y otras prendas que aún colgaban del perchero para seguir explorando.



Las escaleras de madera, subían en espiral cuadrada y nos impedia el paso fluido una mecedora, también de madera, en uno de los rellanos.




Antes de acceder al pasillo superior, las escaleras todavía daban acceso a una planta más arriba que presumiblemente funcionaría de desván o sobrado. Sin embargo, nos pareció un acceso peligroso para nuestra integridad debido al estado de las escaleras y decidimos descartarlo.


Una vez arriba... ¿Por dónde empezar?
Aquel piso parecía otra vivienda totalmente diferente. Era como si hubiésemos pasado a explorar otro inmueble que nada tenía que ver. El pasillo tenía un aire clásico, empapelado y con interruptores de mariposa.




Una librería llena de novelas adornaba el pasillo antes de llegar a la cocina. que nos reservaba uno de los rincones en peor estado de todo el edificio. El techo se había venido abajo en algunas zonas y había llenado de escombros la cocina económica, la calefacción o la secadora. Era una cocina tradicional, hermosa, llena de escombros y desconchados, sí, pero hermosa. Los óxidos y la luz cálida que entraba entre los cabios que sufrían ya la intemperie bajo el tejado ponían el ambiente suave y acogedor del que pocas cocinas podían presumir en ese estado de abandono.






Quisimos acceder al salón de esa planta, pero era demasiado arriesgado pisar aquellas maderas. No lo era, sin embargo, fotografiar la ardilla disecada que sobre la mesa ya no buscaría más frutos secos.


El baño presentaba bastante buen estado para encontrarse en la zona más dañada pero no presentaba, sin embargo, apenas interés fotográfico.

Recorrimos los dormitorios, que eran el resto de habitaciones y nos encontramos detalles de hermoso barroquismo. Las patas de cama, los interruptores, las lámparas o los tocadores nos trasladaban a otro tiempo.






Un puzle en una pared a punto ya de venirse abajo nos dejaba disfrutar del paisaje que reflejaba por última vez a la vez que un sillón nos invitaba a sentarnos para tomarnos un merecido descanso, no sin antes dejar nuestros abrigos en el viejo perchero que descansaba olvidado en la habitación del fondo, a la vez que un par de camas gemelas presumían de ser los últimos modelos dentro de aquellas paredes.




En el exterior nos despedía la cochera, testigo de cómo confirmábamos la decisión tomada al llegar: Volveremos de noche.

Una corta pero satisfactoria sesión nocturna no hizo sino corroborar el aspecto tétrico de aquel lugar.


Una vivienda cuyos habitantes no tuvieron la suficiente constancia para seguir volviendo cada año. Porque alguna brisa movió su velo, convirtiéndolo en un trapo del olvido.

Comentarios

Sajumacemi ha dicho que…
Gracias!!por el reportaje, es una chulada, haber en otra ocasión puedo ir a otra serie, muy bonitas, no desfallecer, un abrazo, Att Salvador Estella


Sajumacemi ha dicho que…
Gracias!!por el reportaje, es una chulada, haber en otra ocasión puedo ir a otra serie, muy bonitas, no desfallecer, un abrazo, Att Salvador Estella


Anónimo ha dicho que…
No creéis que está de más meterse en casa ajena. Por muy abandonado que esté creo que está fuera de lugar meterse en la CASA de alguien y exponer sus recuerdos al mundo sin permiso. Creo que a ninguno de los que habéis ido os habría gustado ver vuestra casa y vuestros enseres personales, en el fondo, toda una vida, expuestas sin ningún tipo de privacidad.
Anónimo ha dicho que…
Suscribo lo anterior, exponer vidas privadas sin permiso..... Esta feo.
Luis (Luna1968) ha dicho que…
Muy buen trabajo, como soléis tenernos de mal acostumbrad@s, espero seguir viendo más de estas estupendas imágenes urbex, un saludo para todo el grupo y mucho ánimo.
NafarUrbex ha dicho que…
Albert Einstein tenía razón: solo hay dos cosas infinitas (...)

Anónimo:

(Y con esto también suscribo el propio mensaje bajo estas líneas respondiendo al segundo anónimo dado que sería fácil suscribirse a sí mismo anónimo tras anónimo, es lo que tiene la red. Ya los Helenos se apoyaban mutuamente en las guerras a pesar de no ser guerreros, pero cada uno puede autogestionarse como quiera)

No, no lo creemos. Si crees que está fuera de lugar, también tú lo estás en los comentarios del blog. La índole de tu mensaje lo demuestra. No me gustaría ver mi casa porque la tengo cerrada, controlada y activa. Vive gente en ella.

Como primera información, tenemos asesoría de agentes de la autoridad que instan a seguir unas normas para que unos señores llamados jueces las obliguen a cumplir. Leyes que hasta donde fuimos asesorados se pasan por el arco de triunfo tu posición ético-empática. Y resulta curioso que seas tú "anónimo" quien entre en contradicción con ellos creyéndote en posesión de la conciencia correcta y universal. No me sorprendería que escuchases música afinada en La a 432Hz.

Es fácil usar frases de meme para entrar como un elefante en una cacharrería en un blog pequeño y ufano como éste. Apuesto alguno de mis órganos a que aplaudes los Pulitzer, por poner un ejemplo. Fotografías de reputados reporteros que viajando a un lugar en guerra (por poner un caso) fotografían niños a los que sólo les queda pellejo y huesos, vuelven a sus acomodados sofás, presentan la imagen sin consentimiento de un menor, cobran por ella sin que el menor o su familia perciban nada (de hecho ni saben la repercusión socioeconómica de la misma) y ganan miles de dólares con una medalla al reconocimiento por habernos informado. Pero claro, los que fotografían inmoralmente, impunemente, ilegalmente, somos nosotros.

Seguro que cuando ese fotógrafo reciba su galardón el niño de la foto habrá muerto de inanición en el mejor de los casos.

Por gracia divina de tu ética, somos delincuentes de la fotografía por fotografiar el paso del tiempo sobre un lugar abandonado del que no sacamos más satisfacción que tratar de recordar como había sido.

Puedes ir a los blogs personales de los fotoperiodistas más premiados y reconocidos a protestar la ética de su trabajo o a aplaudirles. Apláudeles e incurrirás en la hipocresía que seguramente abogue tu ética. Protéstales y harás lo mismo que en este blog, no comentar acerca de lo que atañe, la fotografía.

Y digo fotoperiodistas como podría decir fotógrafos de moda, urbanos o de bodas.

Cunado quiera una crítica moralista, entonces escribiré un blog sobre la moral.

Muchas gracias por pasarte por este rincón.

PDTA: Cierra con llave
NafarUrbex ha dicho que…
Muchas gracias Sajumacemi. Ya sabes que cuando quieras podemos preparar los "carretes"
NafarUrbex ha dicho que…
Gracias de nuevo Luís. Malacostumbrados nos tienes tú con tus comentarios. Gracias de nuevo por pasarte por este rincón y disfrutar de esta nuestra disciplina.
Anónimo ha dicho que…
Pues sí, tiene vd. Razón sobre lo que dijo Einstein, pero también dijo muchas más cosas. A mí, me encanta una que dice así:

“Cuando te mueres, no sabes que estás muerto, no sufres por ello, pero es duro para el resto. Lo mismo pasa cuando eres imbé..l”

Y no, no tengo nada que ver, ni conozco a la persona que les ha escrito antes. Pero sin embargo, su respuesta es cuanto menos, absolutamente repugnante. Amén de que sus alegatos sobre otros blogs de fotógrafos y comportamientos está de mas y no pueden justificar que lo que está mal, está mal. Que un lugar, privado oigan, esté abierto, no quiere decir que vds. tengan ningún derecho a invadirlo. Ninguno.
Y no contentos con ello, nos vienen con el cuento de que lo que quieren es hablar de fotografía.
Pues nada, sigan vds. asesorándose.

Pd. Cierre vd. la puerta de su casa, no vaya a ser que alguien acceda sin su autorizacion.
NafarUrbex ha dicho que…
Hombre, Anónimo! Qué alegría volver a leerte por aquí.

Muchas gracias por tu comentario. No olvides suscribirte para no perderte ninguna de nuestras novedades.

Un saludo.